domingo, 30 de octubre de 2016

Inmortal


INMORTAL


El reptil se estiraba al sol;
ojos glaciares reflejaban
lo que con los míos no vi,
emborronados por el humo
de cigarros y whisky tibio
en noches velando por un
verso que llegó moribundo.

Por encima de este dolor latente,
por encima me he creído.
Temerario, he vivido en la sapiencia
de la eterna inmunidad.
Mi rostro era el espejo del poder
de quien trasciende los años.

He observado al reptil crecer, reptar,
regenerar sus escamas.
He poseído la inmortalidad.

Pero el reptil pre-hiberna ahora,
y, en su cabeza medio oculta,
glaciares me miran sus ojos,
negros y grandes, y lo veo:
mi rostro se marchita y cubre
de vello tajos en mi hocico,
las gargantas bajo mis ojos.

Y la piel. La piel en descamación,
el dolor patente y rítmico,
el pellejo rosado del declive.

Los días del Inmune han expirado:
el Inmune se retuerce,
sobre una cama entre blancas paredes,
ante el dolor y ante el frío.
Los días del Inmortal han vencido:
el Inmortal envejece.

Lo veo mejor en los ojos
glaciares del reptil, lo siento
en su caparazón helado,
punzante con ritmo sereno.
La inmortalidad, ya marchita
sobre el reptil aletargado:
eterno reinado del frío.



45. Inmortal
Desgarro - V. El Fin
Pedro M. Cepedal Flores

2 comentarios:

  1. No reparé hasta hoy que la inmortalidad tiene mucho que ver con la congelación, con la hibernación. El calor corrompe y avejenta. Por fuerza, la inmortalidad ha de ser fría.
    Saludos.

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    1. Sí, fría en todos los aspectos, el inmortal deja de sentir, de padecer, de empatizar; cuando pierde ese estatus es cuando comienza a sentirse vulnerable y humano.

      Por cierto, es verdad que las personas más longevas que he conocido vivían en lugares fríos.

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